¿Maduro en los “encuentros” de Trump?

El paso de Donald Trump por la Asamblea anual de la ONU ha sido, como no podía ser de otra manera, el hito sonoro de la ocasión.  Esta vez, con el venezolano Nicolás Maduro como objeto sonoro del suceso. La probabilidad del choque estaba cantada: al ruido escandaloso del problema hemisférico que representa la Venezuela encharcada, arruinada por la dictadura en que se ha resuelto la aventura bermeja del chavismo, sólo podía faltar en el escenario máximo de la política internacional que es el hito asambleario en Nueva York, el aporte del actual presidente de Estados Unidos. Siempre con sus componentes de astracanada.

En el aire, suspensa, ha quedado la probabilidad de que el dictador de base castrocomunista y el histrión de la Casa Blanca lleguen, en efecto, a verse cara a cara, como sucedió con Kim Jong-Un, y en cuya virtud el choque verbal de máximos mutó para la llegada a un acuerdo para la suspensión de los lanzamientos de misiles de toda consideración y fuste además de un diálogo relativamente fluido entre los dos interlocutores.

Esto otro de Trump y Maduro añade a sus inconvenientes de escala, la propia naturaleza de la dictadura castrocomunista representada por Nicolás Maduro, materialmente entroncada en la tensión histórica entre Washington y La Habana desde instalación en Cuba de un componente de la más relevante magnitud en el ajedrez geopolítico de la Guerra Fría. La apuesta del chavismo en su actual desenlace madurista, tiene su filiación, como problema interamericano, en la misma clase de desafíos que representó la llegada al poder, en Cuba, del régimen de Fidel Castro. En este sentido, toda perspectiva equiparadora del diálogo con el actual régimen e Caracas con el abierto con Pyongyang, arrastra más lastres. Resultará o resultaría más compleja. Me parece.