Su pérdida de autoridad internacional reduce el peso de Trump frente a Maduro

En poco más de agua de borrajas puede quedar la andanada crítica contra el régimen de Nicolás Maduro del Presidente Trump en la Asamblea General de la ONU y por vía de la OEA (Organización de Estados Americanos), contrariamente a lo que fue y sirvió tal destinatario hasta la llegada del chavismo al poder en Venezuela. Aunque ha sido el régimen chavista en manos de Nicolás  Maduro -designado sucesor por el creador del régimen -el origen  del fracaso político, económico y social de éste durante el segundo de  sus mandatos.

Llegados a este punto es de señalar el concurso de una responsabilidad española, la del expresidente de un Gobierno socialista, José Luís Rodriguez Zapatero, en el menester de mediar entre el Gobierno local y la Oposición conservadora venezolana, vencedora en las últimas urnas libres y desvalijada de su victoria por el golpe de Estado de Nicolás Maduro, que se inventó una Asamblea Constituyente a su servicio para que supliera la Asamblea Nacional, en la que la mayoría absoluta de los escaños había sido conquistada por la Oposición.

ZP cumplió a la perfección el encargo gubernamental de contener la ira de los saqueos por el régimen. Tan claro está eso como oscuros queda el porqué de su exitosa colaboración con el chavismo de Nicolás Maduro. Pero la cuestión principal es otra. El asunto es que frente a la Venezuela devastada poco o nada puede hacer la OEA, porque el arbitraje de Estados Unidos comparece devaluado, a causa de las arbitrariedades de Trump.