Deriva de confusión en la legislatura del sanchismo

Puede que, como dice Albert Rivera, “esta legislatura tenga los días contados”, pero lo que puede entenderse como los consensos básicos de la vida policial española, incluidos tanto los que vienen de la Constitución de 1978 como los de cuajados en la Transición que partió de ella, tampoco parecen asistidos de un futuro más sólidamente manados de la misma fuente de solidez y certezas, luego del disparate fundante aquel de Pedro Sánchez, cuando aseveró aquello de que España “es una nación de naciones”.

Visto el contexto histórico y político del hallazgo conceptual del cursante Presidente del Gobierno, no cabía esperar un día más, desde la temperatura crítica alcanzada por el secesionismo catalán, para que desde la Autonomía vasca, Iñigo Urkullu, el Lehendakari, acabe de afirmar, en el Pleno de Política General del correspondiente Parlamento, que el modelo territorial español es susceptible de cambio para la diversidad territorial del Estado, y abogado de seguido por un modelo confederal “que emule la democracia plurinacional europea”.

Ha insistido Urkullu en que la construcción política europea es un marco de referencia para la “convivencia autonómica”. Empero, que habrá apostillar al político nacionalista vasco que para su gente de más allá de Orduña, para la grey del sabinismo, desde la primera hora, fue el separatismo en Cataluña el marco de referencia para el contagio mental de Sabino Arana. Al que su viuda, por cierto, se casó con un guardia civil. Pero eso corresponde a otro orden de confusiones que las cursantes, como desenlaces naturales del material político con el que se ha cementado la presente legislatura.