El regreso de José María Aznar

Dos turnos de interpelación en la comparecencia de José María Aznar en el Congreso de Diputados, 15 años después de su retirada de la actividad parlamentaria y de Gobierno, han destacado en el conjunto de  en la sesión. Uno ha sido el del representante de ERC, tan habitualmente entonado con la cruda y ruda significación de su nombre. Y el otro, el asumido por Pablo Iglesias, el muy conspicuo representante del populismo leninista, signado como Podemos y nutrido con asistencias de financiación desde la Venezuela devastada por el castro-chavismo y el Irán de los Ayatolás.

La comparecencia parlamentaria de José María Aznar a estas alturas de la Pos transición, tres lustros después de su paso por La Moncloa, ha oficiado de contrapunto cierto a esta tesitura política definida de puertas adentro por la fragilidad parlamentaria del Gobierno de Pedro Sánchez y el acoso separatista de un catalanismo en pie de guerra, bastante más allá de las chulerías rufianescas de alguno y las aberraciones del Torra encaramado en el vértice de una Administración autonómica ajena y hostil a la mayoría de los catalanes.

Más allá del reto que el secesionismo representa a la mayoría de los catalanes y al entero conjunto del pueblo español, la sombra nacional, que en el corto y el medio plazo representa la cursante ecuación del Sanchismo, es su inquietante ecuación de dependencia de minorías políticas sindicadas y sometidas a los secesionismos. El vasco junto con el catalán. El eco del pasado que ayer traía el paso de Aznar por el Congreso, parecía augurar el regreso de las mayorías nacionales.