Cataluña es España y Gibraltar también

También podría volver a serlo de nuevo si la dinámica diplomática abierta por el Brexit, es utilizada con diligencia política como los propios  términos de la iniciativa del ministro de Asuntos Exteriores, José Borrell, al decir “lo utilizaremos para lograr cosas positivas en Gibraltar…, como derechos ciudadanos, aviación civil y pesca, haciéndoles partícipes a los alcaldes del Campo de Gibraltar”.

Dicho sea de forma expresa, en elogio del político socialista a quien, en su día, Felipe González hizo ministro de Obras Públicas, circunstancia que permitió que su tierra natal, de Pobla de Segur, se librara de servidumbres capitales, de importancia paralela al mérito que sus paisanos le reconocieron al otorgarle condición y rango de “hijo predilecto”.

Acto de justicia que ahora le han negado por su indeclinada defensa de la españolidad de Cataluña. La cerrilidad de la maniobra ha sido posible, como podía ser de otro, por el odio del frente separatista, que se encuentra en el más alto nivel de la riada que pastorea Quim Torra. A quien ungió presidente el huido Puigdemont, que ya parece optar  con todo merecimiento, al Premio Nobel de la ignominia política.