La venezuelización de España

Pediré, cuantas veces sea necesario, perdón a mis lectores por el empleo de “venezualizar”, refiriéndome a la dramática tesitura por la que atraviesa la nación venezolana, un clásico espacio de acogida a españoles de todo color político. Y puerto de arribada que fue para toda eventualidad migratoria nuestros compatriotas.

La venezualización a que me refiero corresponde a la forma en que se han venido a proyectar sobre nuestro escenario político actual causas y efectos del presente venezolano, a los que no son ajenos, en importante medida, agentes españoles de reputada significación en los vectores Internacionales del marxismo-leninismo; en formatos populistas, las más de las veces, por economía en la homologación de claves y más práctica funcionalidad para la comunicación internacional de los distintos grupos locales envueltos en la misma estrategia revolucionaria para asalto y toma del poder.

El asalto “bolivariano” en Venezuela, con el Golpe de 2015, por la confiscación totalitaria de la victoria democrática de la Oposición, es la  misma receta populista, comunistizante, que el leninista Pablo Iglesias le ha puesto en la mano al socialista Pedro Sánchez, para que éste haga a efectos presupuestarios, con el Senado, lo mismo  que hizo entonces Nicolás Maduro con el Parlamento venezolano: confiscarlo, transfiriendo sus atribuciones a una Asamblea Constituyente como coartada de omnipotencia totalitaria y dictatorial.

La misma ecuación de cambio es la planteada por Iglesias respecto al Senado, dónde  el Partido Popular dispone de la mayoría bastante para cerrar el paso a las pretensiones de este Gobierno, de presentación democrática asistida desde la morralla parlamentaria y la complicidad de los dos separatismos: el catalán y el vasco.

España espera que los barones del PSOE salgan al paso del atentado chavista de Podemos, y de la ineptitud sanchista, contra las libertades de nuestra Nación.

Maduro: tus brevas de aquí están verdes todavía.