En la resaca de un réquiem

No se acaban de agotar los ecos de los regüeldos del convenido presidente delegado (por Puigdemont) de la actual Generalidad de Cataluña, pues no son otra cosa los ataques de este infame personaje contra el Estado, envueltos en hedores incuestionables de fascismos de tenora y butifarra.

¿Cómo puede aseverar este cretino de barbecho que “Europa ya nos ha dado (a la grey separatista) de que este juicio es una farsa? Lo que ciertamente sí lo es, además de todo un escándalo, es la ficción de que disponemos, en correcto ejercicio de funciones, de un Ejecutivo cumplidor de sus responsabilidades de defensa del Estado, luego de las muy insistidas andanadas del comisionado por el espectro de Waterloo, contra la democracia española.

Y en este orden de cosas, desborda la paciencia de todos los demás compatriotas esta muy atorrante manifestación del payaso de referencia, afirmando que “el Rey no es bienvenido en los  Países Catalanes”. ¿Es que ahora se llama “país” cada una de las taifas o parroquias en que se reparte el microuniverso aldeano del catalanismo? En mi Valencia natal, como en las mayorías inmensas de los baleáricos han subido a precios inasumibles las tarifas de las adhesiones que en tiempos agavillaron fondos de banca catalana.

En la resaca del requiem por ls víctimas del terrorismo en Cambrils, es nacionalmente exigida la demanda popular de que el Gobierno reaccione de una vez contra las fantasmales amenazas del atorrante contra el libre y democrático Estado de todos los españoles.