Insólita pretensión foránea contra la justicia española

La guerra del separatismo catalanista contra la unidad nacional de España pasa por un frente, decisivo y crítico, que no es otro que el del espacio jurídico dentro de la Unión Europea. Hay, como es sabido de todos, un núcleo impulsor del proceso secesionista que se mueve con eficacia y coherencia dignas de mejor causa, al que se debe imputar tanto la estrategia de fondo como las tácticas puntuales al hilo de las circunstancias cambiantes. A ese fondo estratégico corresponde el cuestionamiento, mirando al tendido de la UE, de los cargos del juez Pablo Llarena, del T.S, contra los juzgados por responsabilidades en el golpe de Estado de Puigdemont, fugado a Bélgica, posteriormente recalado en Alemania y luego de nuevo en tierra de los belgas.

Que sucesivamente jueces belgas y alemanes hayan venido a objetar la validez jurídica de la labor instructora de Llarena y, de forma implícita, la de la más alta instancia del sistema jurisdiccional español, no supone ello otra cosa que agredir a nuestro propia soberanía nacional; con todo lo que ello supone de violación del orden jurídico interno de la Unión Europea. Lo cual lleva consigo la cuestión de que el problema de la escisión catalana ha venido a abrir paso a otro asunto de mayor cuantía: el de la quiebra del orden jurídico interno de la comunidad europea.

La Comisión Europea tiene ante sí, ante el concierto de soberanías del que debe responder, un problema de enjundia política mayor que el de la cuestión polaca del relevo de magistrados de su Tribunal Supremo, en términos que afecta, según la Comisión, a la independencia del Poder Judicial. El asunto es, grave, pues cuestiona la propia democracia polaca, aunque lo haga en términos cuantitativos; pero la cuestión de los jueces belgas y alemanes disintiendo del Auto del Juez como instructor del Auto contra los responsables de la proclamación de independencia catalana, es una injerencia en los asuntos internos de España y una agresión a la soberanía judicial de nuestros Tribunales.

¿Qué hace al respecto esta diplomacia? Los problemas más internos, los de nuestra cohesión nacional, claman ahora por la actuación de los Servicios Exteriores desde el Palacio de Santa Cruz.