Trump ofrece a Irán la receta norcoreana

En este arranque de agosto entraba en vigor, se cumplía el plazo, para que Estados Unidos aplicara a la República Islámica de Irán los castigos por las supuestas infracciones de los compromisos contraídos en el Acuerdo de 2015 con los miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Alemania sobre la finalización de sus labores en el enriquecimiento de uranio para fabricar armas nucleares, poniéndose así al día en términos de legalidad Internacional, además de hacer otro tanto con la fabricación de vectores balísticos capaces de portarlas.

Pero llegados a la culminación de tales plazos, y luego de que Rohani, el presidente iraní, replicara a las amenazas del Presidente americano en términos parejos a los empleados por éste, había Donald Trump subido el tono de la polémica en términos manifiestamente apocalípticos: “nunca más vuelva a amenazar a Estados Unidos o sufrirá consecuencias que pocos conocieron antes en la Historia. Pero estando así las cosas entre Washington y Teherán este singularísimo huésped de la Casa Blanca, tal como ya ocurriera con el dirigente norcoreano, invierte otra vez marcha y discurso.

Trump dice ahora estar dispuesto a reunirse con Rohani sin condiciones previas, pues no hay nada malo en reunirse. Aunque desde Teherán se precisa que “cualquier opción al diálogo entre las partes pasa por el regreso de Estados Unidos al Acuerdo Multilateral de 2015”.

La precisión  iraní se encuentra archisobrada de fundamento y razón a la hora de diferenciar su caso del norcoreano. Con Pyongyang sólo mediaban improperios; con Teherán pesa un acuerdo multilateral e Institucionalizado.