Los 50.000 subsaharianos que esperan en Marruecos

Es una de las condiciones suficientes para escuchar nacionalmente cómo la geopolítica llama a las puertas de casa. Una masa humana de esa magnitud, apostada en los términos en que lo hace a estas horas en el entorno ceutí, propiciada por las mafias que se nutren de la explotación del drama del subdesarrollo africano, plantea problemas que son perceptibles en más de uno o dos Estados en ambos lados del Estrecho. El desafío desborda las capacidades disponibles a corto, medio y largo plazo.  El reto queda fuera de toda medida de escala nacional.

Al desafío que suponen los 50.000 subsaharianos de ahora mismo, retrepados en la espera a todo trance, nutrida por la necesidad y alentada por el engaño, sólo cabe responderle desde la correspondiente escala geopolítica: la propia de la Unión Europea. En términos escalares, la cuestión no supone novedad alguna, comenzando por Italia y por sus vísperas húngaras y griegas; bien que las variantes sean de bulto más que apreciable. Como fondo de origen, África carece de parangón.

De haber discurrido las cosas como correspondía hacerlo, la media hora que Macron, el presidente francés, estuvo en La Moncloa con el presidente Sánchez, debió ser tiempo empleado en articular, dentro de la Unión Europea, las bases de una actuación conforme los plazos sucesivamente pertinentes y oportunos. Toda una actuación puntual y diversificada; policialmente estribada en la extirpación sistémica de las mafias que articulan continentalmente la nueva trata de esclavos negros.