Quite de José Borrell para el juez Llarena

Mientras semeja que la discrepancias judiciales sobre los políticos separatistas fugados, parece que en principio sólo las pueda resolver el Tribunal de la UE, en tanto que Carles Puigdemont acusa a José Borrell de fomentar la escalada de odio en Cataluña, viene en sobrevenir la reprimenda del juez Llarena a la Justicia Alemana, ante la práctica del Tribunal Superior de Schleswig Holstein en lo actuado con el caso del depuesto presidente de la Generalidad, sobrevenía el lunes en Bruselas la demanda del ministro español de Exteriores, la petición, “al Gobierno belga de que actúe en defensa de la inmunidad de la jurisdicción de España y de nuestro tribunal Supremo”.

Nunca hasta ahora, al menos de modo tan rotundo, se había dado una intervención tan manifiesta frente el separatismo cerril desde Exteriores, excepción hecha de la réplica a Quim Torra por el Embajador de España en Estados Unidos.

Más allá de las actuaciones defensivas del Estado dentro de nuestras fronteras, concurren problemas, retos y demandas contra la unidad nacional de España que resultan directamente, de la actuación del propio secesionismo, y de otros fenómenos y procesos derivados de sintonías ideológicas con la más varia suerte de extremismos.