Los esquemas internacionales de relación política, revueltos por el efecto Trump

El encuentro de Helsinki entre los presidentes de las primeras potencias nucleares, suceso político y diplomático de muy primera magnitud, al margen de que Rusia sólo disponga de un PIB del rango del de Italia, se corresponde con una cadena de sucesos salidos del numen de ese atípico motor de la dinámica internacional que es el último presidente salido de las urnas estadounidenses. Un espécimen sin aparentes predecesores.

Donald Trump, descabala una y otra vez el estado de cosas establecido en los escenarios que decide abordar, tanto da que sean las relaciones atlánticas entre europeos y ciudadanos norteamericanos, como lo laboriosamente pactado, bajo los auspicios de Naciones Unidas, entre los miembros del Permanentes del Consejo de  Seguridad de Naciones Unidas más Alemania con la República Islámica de Irán, sobre el Estatus Nuclear de ésta, al objeto de que lo abandonara y aceptase la legalidad internacional en la materia. Acuerdo del que apeó en solitario. Igual, también, denunciar el Acuerdo Internacional sobre el Clima, que Washington había firmado en su día.

O, de la misma manera, Norcorea, con sus artefactos nucleares y sus misiles balísticos internacionales; las amenazas recíprocas borradas en Singapur, y el camino abierto hacia la paz entre Pyongyang y Seúl, con la incoada desactivación del histórico Paralelo 38…

Y ahora, la muy Trumpiana “declaración de Guerra” (comercial) a la UE, por las propias vísperas dentro de su cita de Helsinki, en la tradición de los presidentes norteamericanos con sus homónimos de Moscú.

Veremos qué huella queda de este desestabilizador sistémico de la política internacional, si en las próximas urnas estadounidenses el pueblo de Estados Unidos le da lo que se merece.