Reconsiderar el Tratado de Schengen

La integración de soberanías nacionales, de la que resulta la Unión Europea actual, resulta históricamente de un proceso de pactos en cuya virtud cada uno de los entes nacionales y democráticos que la componen  ha cedido a la misma las competencias de sus respectivos poderes estatales. Las etapas de creación  de la UE han variado en el tiempo, en la medida que la conciencia de comunidad económica, política e histórica lo ha permitido el paso de los años y la bondad cierta de los resultados  obtenidos, en términos generales.

Conforme el mismo tenor, el avance histórico de la UE se ha nutrido del enriquecimiento de espacios competenciales compartidos. Aunque en situaciones como la ahora cursante a propósito de Cataluña, encajada en una más amplia dinámica histórica de desestabilización general en los flujos europeos de cambio, sobrevengan desajustes y alteraciones en la marcha de los procedimientos convenidos y pactados.

Obviamente, es el caso del Tribunal de Schleswig Holstein, en el que a propósito del Auto del Tribunal Supremo sobre la extradición del que fue presidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, resuelve más allá dónde le correspondía, pronunciándose sobre el fondo del tema y forzando un debate político en España sobre la conveniencia/necesidad de una denuncia del Tratado de Schengen. Opción posiblemente acompañada  o sustituida por la reforma de ése Tratado, en la que se  precisara la hermenéutica procedimental a la instancia requerida por el Poder Judicial correspondiente.

La agitación subversiva que barre estas horas de la Unión Europea habría de propiciar una revisión de Schengen en este sentido.