La insufrible displicencia de Trump

Ciertamente, las cosas llegan más allá de los afamados “trumpicones” -ocurrencias reiteradas del actual huésped de la Casa Blanca-, pues desde el más allá de lo poco sólito, Donald Trump, con ocasión de la Cumbre de la OTAN, se ha venido a explayar por los modales de lo disciplente, de lo inoportuno rayano en lo despectivo y desconsiderado con los demás. Hay que ser muy paleto para proceder así con los interlocutores, especialmente cuando éstos son aliados y representantes de entes soberanos, que por lo mismo merecen, cuanto menos, circunspección y respeto.

Saltar, como  el presidente norteamericano ha hecho en la Cumbre de Bruselas, de la exposición de un recordatorio de cantidad de inversión en Defensa ante los aliados atlánticos, a la exigencia de que lo literalmente requerido sea el doble del porcentaje que se debate, es lo que se suele decirse una pata de banco, o estricta metedura de pata.

No son maneras. Tanto que resulta obligado considerar, preferentemente desde la opinión publica americana, hasta dónde no resulta oportuno abrir un debate nacional sobre la exigencia histórica, ante las urnas, de que individuos como Donald Trump o conductas como éstas en que el mismo se reitera, carezcan de curso legal... Como las monedas falsas.