El doble frente separatista

Hay un frente exterior del separatismo en Cataluña, compuesto con las incidencias generada con el activismo de los prófugos del entorno de Carles Puigdemont, al que acompaña la injerencia rusa desde primera hora, propiciada desde labores de las “embajadas” que el prófugo principal dispuso durante las vísperas de su golpe de Estado, y que Quim Torra, sucesor suyo en la Presidencia de la Generalidad, ha dado en reponer como palanca del Procés que prolonga el mismo golpe.

Pero ese frente exterior se acompaña de una cadencia política interior, vertebrada desde la propia dinámica de la discontinuidad en el Gobierno de la Nación, desde el punto y hora en que para poderse substanciar fue preciso el concurso aquiescente de los propios partidos del catalanismo separatista. No habrían éstos votado toda fórmula que suscribiera la continuidad de lo que en términos de cohesión nacional significaba el PP.

Este otro frente parece que va a suponer más peligro para la unidad de España que el representado por el laboreo canceroso de las estrategias rompedoras que operan en el exterior. ¿Qué otra cosa se le ha perdido a Quim Torra en su inmediata visita a la Moncloa que no sea repetir su tabarra de la estricta separación de Cataluña que el adiós España hasta nunca más? Nada ha dejado entrever este siniestro personaje que no sea su ontológica aversión a España y lo español.

De otro punto, no puede menos que subrayarse la definición de la Fiscalía escocesa por las antípodas de belgas y alemanes en lo tocante a la eventual extradición de Clara Ponsatí, compañera de fatigas de Puigdemont en la fuga hasta Bruselas.