Con el traslado de los presos vuelve la violencia a Cataluña

Si con el traslado de los presos a cárceles de Cataluña resurge la violencia en tierras catalanas, la dinámica de la acción-reacción en términos políticos, tal como estos hechos vienen a recordar, avisa y anticipa la certeza de que otras actuaciones desde el Gobierno traerán réplicas de semejante tenor por parte del catalanismo secesionista. Sea cual fuese aquello que se hiciera o dijese desde el Estado.

En este sentido es de sentido común que sea midan con todo el rigor necesario todo cuanto se refiera al orden y límites de la realidad nacional de España, de la que no cabe hacer concesiones verbales ni de ningún tipo de formas. Tiene por ello todo sentido la advertencia que desde el Partido Popular acaba de hacerse a Pedro Sánchez de que en esta dialéctica - que con los secesionistas  siempre es de combate - no acabe como lo hizo Rodríguez Zapatero, cediendo finalmente ante ellos. Así, cuando el Gobierno, luego de haber cedido a la demanda de que los catalanistas presos fueran llevados a prisiones en Cataluña, prendiendo de nuevo la provocación, ofrece al obtuso Kim Torra “diálogo abierto y sin cortapisas “.

No caben en modo alguno jugar con las palabras ni tampoco los discursos contradictorios, que es lo mismo. Especialmente si de la misma fuente se reconoce que no hay Constitución alguna que reconozca un derecho de autodeterminación. En este orden de afirmaciones de la vicepresidenta

Carmen Calvo están las instrucciones de José Borrell, el ministro de Asuntos Exteriores, a los embajadores de España para que sigan la pauta replicante de su colega en Washington a las venenosas bobadas del actual presidente de la Generalidad.