Con formato mínimo de legitimación política

Que este Gobierno y el Partido Nacionalista Vasco pacten excarcelar presos de ETA significa, entre otras muchas cosas, que sus primeras señales de aproximación a los nacionalismos suponían bastante más que lo mucho que en principio parecían. Al menos – que no es poco – en lo referido a la disposición de ánimo, visto como dato plural de disposiciones subjetivas y resultantes objetivas de su propia tesitura personal en la componente política.

Todo lo de Pedro Sánchez pudo empezar a no entenderse, por confuso y contradictorio, cuando se descolgó con aquella su definición de España como “nación de naciones”. Planteamiento en el que sólo cabe entender su abrirse al acuerdo con el inefable Torra, autodefinido en el rechazo de nación española y, de seguido, abrirse con el PNV a excarcelaciones de etarras: desiderata precedida, muy poco antes, a expresar su disposición favorable a la aproximación de este género de reclusos a sus respectivos lugares de origen. Y tanto para una como para otra cosa, sin reparar poco ni mucho con los deudos de las víctimas del terrorismo.

¿Desde qué soporte, político, jurídico o moral cabe aceptar una Iniciativa de este porte desde un Gobierno de tan precaria legitimación política y reducida base parlamentaria, que comienza con la carencia de escaño propio en aquel que preside su Consejo de Ministros? No hay memoria de formato tan precario para hipótesis de actuación tan objetable y políticamente vergonzosa.