Unidad nacional: preferencias de crisis por la izquierda

Los riesgos sistémicos para la unidad nacional, a la vista del nuevo Gobierno y de su cohorte de apoyos parlamentarios, no han tardado en deslizarse del plano de la hipótesis al nivel de los hechos. De una parte, indirectamente, el presidente Pedro Sánchez ha reiterado ante el nacionalismo vasco, con desafecto cierto a las víctimas de ETA, su voluntad aquiescente a que los presos etarras sean aproximados a sus familias; de otra, su sintónico asistente parlamentario Pablo Iglesias, luego de visitar en la prisión de Soto del Real a Jordi Cuixart, ex líder de Ómnium Cultural, y a Jordi Sánchez, expresidente de la ANC, entre rejas luego de que encabezaran las principales manifestaciones separatistas y el asedio a la Guardia Civil en la Consejería de Economía, Pablo Iglesias, digo, haya manifestado que “no es sensato que en España haya presos políticos”.

Asumir como el jefe podemita hace la tramposa jerga separatista de decir “presos políticos” lo que meramente son políticos presos, y hacerlo desde el flanco del actual Gobierno socialista, es de una irresponsabilidad no cuestionable desde el  actual vértice de poder político en España. Esa manifestación irresponsable, cómplice de la militancia separatista contra la unidad nacional, corresponde a un síndrome de dejación de deberes y cumplimiento de obligaciones constitucionales.

Lo que mal comienza al inicio del nuevo ciclo político no cabe esperar que acabe bien ni, tampoco, que continúe como corresponde. Cabe esperar, sin embargo, que quienes podemos mirar y ver no callemos lo que pensamos.