Impulso franco-alemán a la reforma de Europa

La Cumbre Europea del 28-29 de este mes se prefigura como la base de partida para lo que cabe ya entender como arranque de la respuesta de la UE ante el horizonte internacional configurado por la cadena de golpes de efecto producidos por la revisión diplomática, poco menos que global, emprendida por la Norteamérica del presidente Trump.

En el nuevo escenario diplomático así definido, y desde la reacción que suscita, puede entenderse que el encuentro berlinés de hace unas horas entre la canciller alemana y el presidente francés, como pórtico de la nueva cita europea, supone tanto como un gesto de alerta respecto a lo mucho que supone globalmente el giro copernicano de tales cambios estadounidenses, igual en política exterior, que en economía y defensa.

Encuentra su sentido muy puntual la onda de insolidaridad trumpiana con la crónica de medio siglo de colaboración atlántica, igual en economía que en defensa, como determinante de la nueva revisión europea hacia un Presupuesto Común, para la entera UE. Y en la misma onda de moral de respuesta, junto a las mutantes necesidades y a la propia exigencia de perfeccionamiento, la reconversión del Fondo de Rescate en una suerte de Fondo Monetario Europeo.

De referencia obligada ante la prevista cumbre europea de últimos de mes, es la respuesta que la UE necesita ante el desafío migratorio que, en progresión que no declina, fluye hacia ella desde las guerras en Asia y el generalizado estado de subdesarrollo que prevalece en el mundo africano; donde, por cierto, China viene tomando posiciones desde los tiempos de Chu en Lai.