Prende por Baleares el separatismo en Cataluña

Lazos amarillos, quema de fotos del Rey, brotaciones de lo que pretende ser microterrorismo urbano, el síndrome básico expresado por referencias a espacios nuestros y lugares de la Europa transitada por los fugados de Cataluña tras haber delinquido contra el orden público nacional, la entera tramoya del llamado “procés”, se presentan por las Baleares de ahora mismo. Un ámbito nacional contagiado y sumido ya en la explosión subversiva que padece la asediada Cataluña. Y ante ello, lo que era de prever, se viene a confirmar cuanto cupo temerse con el esquinazo parlamentario que significó el voto de censura al Gobierno de Mariano Rajoy.

La respuesta política no se configura, en términos de proporción, al porte de la cadencia propia de la metástasis secesionista en su actual fase baleárica. Tampoco en lo que corresponde a Cataluña, origen histórico del tumor que, en otro orden escalar, germinalmente, incluyó también al separatismo vasco, puesto que fue en Barcelona dónde el estudiante Sabino Arana contrajo la infección mental del particularísimo secesionista.

Muy al contrario de la longitud de onda en que debió emitir nacionalmente el Gobierno de Pedro Sánchez, desde su espectacular plantel ministerial se engolfa en la profusión de paños calientes sobre la delincuencia política generada por la dinámica propia de la actuación contra el derecho que protege a los españoles y sus libertades. Y lo más escandaloso es que la Ministra que pide la aproximación de los políticos presos a sus familias parezca complacerse en la confusión tramposa de los políticos presos con los presos políticos.