Maduro reacciona ante la crisis sistémica de Nicaragua

Siguiendo el viejo proverbio con aquello de que “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, al ver la crisis sistémica, con más de un centenar de muertes, en la que se encuentra sumido el sandinismo gobernante en la vecina Nicaragua; una crisis desatada por la rebelión de los estudiantes contra la política tributaria del régimen, y a la que se ha sumado el peso de las carencias en que ha derivado la diarquía matrimonial que regenta el país vecino, Nicolás Maduro anuncia un cambio generacional en la organización del aparato de poder del chavismo venezolano.

El escándalo de las últimas elecciones en las que Nicolás Maduro ha obtenido seis millones de votos, con una abstención del 54 por ciento y los dos millones de sufragios del ex gobernador Henri Falcón, definen un paisaje político significativamente denunciado en el seno de la OEA (Organización de Estados Americanos) y por el Parlamento Europeo. De ahí que tenga su lógica la decisión presidencial de promover un cambio generacional en los mandos intermedios  del sistema, por vía de relevos inmediatos conforme criterios de formación profesional celebrada.

La obvia imposibilidad de mantener el régimen chavista sobre una ficción plural de representación democrática, enmarcada además por una inflación devastadora y la carencia insostenible de bienes de consumo, parecen haber llevado a Nicolás Maduro al recurso, inflacionario también, del reparto de cargos públicos entre los jóvenes. No sea cosa que se le subleven, tal como han hecho los de Nicaragua.