El inasumible precio del discutido cambio político

En tanto los amotinados independentistas impiden en Barcelona el acto de homenaje a Miguel de Cervantes preparado por Sociedad Civil Catalana, coincidente en el tiempo con el levantamiento de los controles del gasto presupuestario de la Generalidad, tras la extinción de la vigencia activa del  Artículo 155 de la Constitución, Quim Torra, el presidente de la Autonomía, encastillado en el repudio de nuestra Carta Magna, se resiste al reconocimiento de los cambios de óptica y de práctica política del nuevo Gobierno; de éste y de sus bases partidarias, representadas por Iceta, que ha completado con presencia personal el contacto telefónico del presidente Sánchez, luego de que éste operara el referido levantamiento de los controles sobre los gastos de las partidas presupuestarias.

“Crispada”, como Torra dice, no es la posición ante el diálogo por parte de los representantes del Estado, los de antes y los de ahora, sino la suya propia ante la norma constitucional, formulada como “derecho a la autodeterminación”. Y junto a lo mismo, “crispación” es también su propio homenaje a quienes llama “presos políticos”, que no son tales sino meros políticos presos por infringir la vigente legalidad constitucional. Presos políticos solo son los encarcelados por dictaduras como la venezolana, nodriza del defraudado Podemos.

La obligada pregunta de estas horas es la de cuanto tiempo tardará en establecerse la proporcionalidad entre el precio pagado por este cambio y los rendimientos obtenidos, en términos de solución al totalitario secuestro separatista que padece Cataluña, con violencia en alza por la calle y cerrilidad totalitaria en su delirante presidente. Todo ello compone en parte lo inasumible del precio pagado por el cambio político.