Quim Torra, presidente nacionalista contra la Constitución nacional

El problema no estriba en que Arrimadas, vencedora en las elecciones habidas en Cataluña, se baje de la nómina de convocados por Quim Torra, acólito del fugitivo Carles Puigdemont y votado desde los escaños de los conspícuos seguidores de éste como cabeza de la Generalidad catalana, se baje de la nómina de los por él convocados sin otro propósito que el de capitalizar presencia política y adhesión ciudadana.

La cuestión es otra: la de que el gesto de Arrimadas abre el debate sobre las condiciones de oportunidad a que deben someterse los políticos que tienen en su publicada agenda el comparecer como interlocutores normales, como legitimadores de un interlocutor público que repudia la base jurídico-política, democrática, del sistema institucional en el que se basa su presidencia. Algo muy próximo a lo que siempre se dio en llamar una trampa saducea; aunque, al respecto, caben otras imágenes y alegorías, como la de la Hormiga León, que se esconde en el fondo de su hoyo y sorbe la sustancia de aquellos curiosos que se le acercan, a los que derriba con disparos de arena.