Nieblas semánticas en el cambio político

Envuelven el marco y  permean la base misma del debate, hasta enfangarlo, cuando menos, en la confusión. Los hay, el propio Pedro Sánchez destacando entre ellos, que llaman “naciones” a países o regiones, y viceversa. Así a la Nación o Patria común de todos nosotros. De modo que el propio nuevo huésped de la Moncloa habla del carácter “plurinacional” de España y su encarnación histórico-jurídica como Estado. Haciendo de tal aserto paradigma, eje y horizonte de su insistida propuesta de reforma de la Constitución de 1978; siendo corolario de lo mismo, sobre el papel, la conversión del Senado en Cámara Federal, al aire del modelo estadounidense. Y aun más desde su aseveración de que España no es otra cosa que “una nación de naciones”.

Hay una hipótesis cautelar al respecto, en la que se agruparían quienes sostienen que, al fin y al cabo, operará la conclusión y la idea de que ha sido una conspiración secesionista catalano-vasca la que ha motorizado el modelo de cambio operado para la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa como lo hacen los rayos del sol al Interior de toda estancia, a través de los cristales de urnas y ventanas, sin romperlos ni mancharlos.