Violentos contrastes de régimen en el mundo centroamericano

Mientras Colombia, después de alcanzada la paz con la histórica guerrilla  comunista de las FARC, se abre a la conexión con la OTAN, que parece “compensar” simbólicamente la retracción trumpiana al respecto, desde la revuelta estudiantil iniciada el 18 de abril contra la reforma  de la Seguridad Social del régimen sandinista, la crisis de régimen que se consolida contra el Sandinismo, se acerca más y más – rebasándola en términos de violencia armada – a la que el chavismo atraviesa en Venezuela desde que el designado Nicolás Maduro accedió al Poder vía de urnas que luego no ha respetado, cuando la Oposición alcanzó mediante ellas la mayoría absoluta de dos tercios en la Asamblea nacional.

Esa misma Colombia del cambio de ahora busca la consolidación de un orden público en la calle. Y la extirpación más que quirúrgica de la industria criminal de la cocaína, que en el universo de las drogas rivaliza escalarmente con la concurrencia afgana de la heroína.

El proceso colombiano hacia la normalidad se ve propiciado por la presión estadounidense y europea contra la dictadura chavista de Venezuela, involucrada en rangos notorios de intermediación y logística con el narcotráfico colombiano. Que tuvo su medio siglo de oro con el imperio leninista de las FARC.

A primer golpe de vista parece que el chavismo venezolano dispone de menos futuro todavía que el sandinismo nicaragüense, con su dictadura talámica y sus relaciones singulares con China, establecidas sobre la base del proyecto de otro canal interoceánico, paralelo al de Panamá.