Putin, entre su “catástrofe geopolítica” y la humanitaria habida sobre Ucrania

Al tiempo que las tensiones políticas de España e Italia – las “enfermas” de la Eurozona – disparan las primas de riesgo respectivas, las averiguaciones internacionales en nuestro Continente, con las de Malasia y Australia, sobre el derribo de un avión malayo en la vertical del espacio ucranio y la consecuente muerte del las más de 300 personas que llevaba a bordo, Vladimir Putin, el último lobo político KGB, instigador de la leucemia informática advertida en la crisis catalana, se columpia entre su quimérica “catástrofe geopolítica” que representó supuestamente la desaparición de la URSS, y la espantosa certeza de que el disparo de un misil ruso, efectuado por soldados de la Federación que vertebrada decisivamente a las fuerzas ucranias separatistas, luego de la anexión de la península de Crimea.

No es ocioso señalar reiteradamente cómo el ya veterano titular del Kremlin se columpia entre la quimérica catástrofe geopolítica del colapso soviético y la espantosa realidad de la masacre ocasionada por la caída de aquella aeronave civil, al ser impactada por cohete ruso en el curso de un conflicto bélico derivado del propósito de restablecer realidades suprimidas en Ucrania por la desaparición del tinglado imperial que fue la Unión Soviética.

Entre las catástrofes con las que se maneja el instigador de conflictos en Europa, ahora por Cataluña, como antaño lo hizo el KGB soviético del que procede en Euskalerría nutriendo el terrorismo de la desaparecida ETA, fluyen continuidades que exigen atención y rigurosos seguimientos.