Un fondo de misiles aborta la cita de Trump en Singapur

No ha sido una sorpresa estrictamente entendida. La decisión norteamericana de suspender el previsto encuentro dentro de unos días en Singapur entre el presidente Donald Trump y el de Corea del Norte Kim Jong Un, ha venido precedida de mensajes contradictorios por parte de Washington, replicados por parte norcoreana (desde el segundo escalón del ministerio de Asuntos Exteriores de Pyongyang); algo que expresaba un cambio de clima en el nivel de interlocución ya establecido por vía de la intermediación surcoreana, articulada como una prometedora relación entre las partes que divide el Paralelo 38.

Pero la decisión de la Casa Blanca de suspender el encuentro previsto para el 12 de Junio próximo carece de un componente de explicitud suficiente. Es más: ha sonado el deterioro formal de la certeza primera a recurso para el enmascaramiento o la simulación de las causas reales del desistimiento norteamericano. Entonces ¿cual pudiera serla causa del lo decidido a última hora? Entre las muchas que cabría plantear, cabe la de que la última exigencia norteamericana al régimen de Irán tenga su origen en la pretensión de que la República Islámica de Irán, además de renunciar a su programa nuclear, prescinda de su parque de misiles balísticos.

Es como si el Israel de Benjamín Netanyahu hubiera convencido a Trump de la necesidad de que el Irán de los Ayatolás sea privado también de la cohetería que le permite, directa o indirectamente – por medio de sus filiales en Oriente Próximo – alcanzarle con explosivos convencionales. Conviene reparar en que Norcorea, en tiempos pasados, vendió a Irán tecnología balística. Una materia militar no afectada por el Acuerdo de Julio de 2015, pero que supone una importante fuente de ingresos para la famélica economía famélica economía norcoreana. Por eso, quizá, un fondo de misiles explique el aborto de la cita de Singapur.