Funambulismo contra la aberración separatista

El SI del Partido Nacionalista Vasco a los Presupuestos Generales del Estado para el próximo ejercicio, ha cortado el nudo gordiano que bloqueaba el flujo de la normalidad política nacional en España. No ha sido ciertamente un regalo, puesto que se han debido posponer objetivos nacionales de menor rango, pero se ha evitado el abismo político al que habría conducido el naufragio parlamentario del Gobierno en el debate presupuestario, además de preservar el contexto más favorable para una solución dialogada en Cataluña.

Visto el desenlace desde la óptica del PNV, ha de reconocerse, junto a lo representado por el coste de los importantes pormenores sacrificados en el coste político del logro, el componente de racionalidad política de que ha hecho gala el nacionalismo vasco. Junto a ello, también, es de resaltar el providencial acierto de los constituyentes de incorporar a la Carta el Artículo 155, con el que ha sido viable reconducir, desde la ley constituida, a la normalidad política nacional las virtualidades de la singularidad histórica catalana.

Pero quizá convenga pararse en la reflexión de que se ha superado, a costes razonables, el acariciado riesgo por los del antiespañolismo, de que el nacionalismo vasco confluyera sinérgicamente con el desaforado nacionalismo catalán del separatismo militante. Se infiere de lo sucedido que se ha logrado bastante más – con ser tanto – que la continuidad del Gobierno de Mariano Rajoy. Ha sido la victoria del constitucionalismo.