Un encuentro vestíbulo de otro

Cuando en esta parte de Occidente el reloj no se acercaba aún a la madrugada,  Kim Jong Un, el gerifalte norcoreano cruzaba la línea divisoria entre las dos Coreas y abría  el preámbulo del  convenido encuentro que, a mediados de mayo, habrá de tener con Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Once años han transcurrido desde que los gobernantes de las dos Coreas se encontraran por última vez, aunque el visitante entonces fue el padre de Kim, el segundo eslabón de la dinastía roja norcoreana. Pero nada que ver, tuvo, con el contexto de este encuentro de ahora, vestíbulo de otro suceso político-diplomático con otra escala de ambición.

A corto plazo, las expectativas de esta visita a caballo del Paralelo 38, la línea divisoria entre las dos Coreas, traen carga de cambios en los que parece contar la del acuerdo de paz entre las dos Coreas, cuyo compartido estatus técnico de relación no es otro que  el de “estado de guerra”. Dicho de otra forma: sin el convenido encuentro del presidente Trump con Kim Jong Un, la visita de éste a su homólogo de la otra Corea  quizá no se habría convenido.

Y, de otro punto, las expectativas que se barajan para después del vestíbulo que representa el encuentro en Corea del Sur, se resumen en la pretensión estadounidense de que Corea del Norte desmantele su actual arsenal nuclear. Muy severa pretensión cuyos términos le habrán sido expuestos a Kim por el flamante nuevo secretario de Estado y último Director de la CIA, Mike Pompeo, en su recién concluida visita a Pyongyang. De momento, se habrán acabado, de una vez, los lanzamientos de misiles y las pruebas nucleares.