ETA no resucitará, pues no ha muerto

Alsasua, con la agresión grupal a los dos guardiaciviles y las mujeres que les acompañaban, fue la prueba detonante que siguen socialmente activas las claves de acción social para agitar revolucionariamente, desestabilizándola, la paz colectiva dentro de la cotidianidad española. Pero la evidencia de que las cosas son así viene a subrayarse más por el concurso de una añadida realidad que potencia su impacto operativo. Me refiero, claro está, al concurso de los CDR (Comités de De Defensa de la República) en Cataluña, cuya actividad llega como desde los “Zutabes” etarras, una suerte de boletines internos concebidos para pautar la acción revolucionaria contra los símbolos del Estado y, muy especialmente, las Fuerzas del Orden, en las que la Guardia Civil, además, concurre su propia condición militar.

Lo que sí parece haber resucitado es la dialéctica de Terra Lliure, al menos en niveles formales, sin llegar a la sangre, con sólo violencia formal pero si moral, como la de esos maestros preguntando a los niños de las correspondientes escuelas quienes de sus respectivos padres pertenecían a la Benemérita. Era otra manera de revivir la expresión de lo sucedido en un bar de Alsasua. Quebrando la paz social.

La sombra del terrorismo aletea sobre el separatismo en Cataluña, y la del nacionalismo rupturista en España hace lo propio, fantasmal y viralmente, sobre la Unión Europea. Tal acaban de alertar desde la doble Presidencia del Parlamento español.