Nicaragua, del Somocismo a la protesta contra la Sandinada

Ni empezó ni ahora acaba en Venezuela la aventura por la senda del populismo izquierdista o simplemente comunista en el orbe iberoamericano, tras del hito castrista en la Cuba de 1959 y el de la revolución allendista en Chile, cuando Nixon estaba en la Casa Blanca. Ni tampoco en estas horas el régimen venezolano de Nicolás Maduro es el único en el sistema hispánico de izquierda radical con vías de agua actualmente sobrevenidas, en términos más que sólo severos.

Ahora, con varias jornadas de manifestaciones en Tegucigalpa y otras ciudades del país, que traen un saldo de 10 muertes y un centenar de heridos, saqueos y edificios públicos en llamas; orlada la anormalidad con los rigores de la censura informativa, el silencio de las televisiones y la persecución de dirigentes estudiantiles, la patria de Rubén Darío encara una protesta social masiva, detonada primordialmente por la reforma del sistema vigente de la Seguridad Social.

Define la situación nicaragüense en términos primordiales el estado de sitio en que se encuentra Managua, la capital del Estado, instrumentado por el despliegue de la Policía Nacional y la tropa irregular del Frente Sandinista. Mención aparte dentro del marco de la situación nicaragüense merece el hecho de que entre entre las televisiones silenciadas por la censura figura la cadena episcopal del país.

Dos notas aportan su primordial color en esta crisis de la izquierda centroamericana. Una es la de que entre los motores de la revuelta popular figura el contrato de Daniel Ortega con el inversor chino Wang Jing para construir el Canal Interoceánico, émulo del de Panamá. Y la otra nota es la del recordatorio de que la segunda autoridad del país es la esposa del presidente, Rosario Murillo de Ortega. A un presidente de mandato cronológicamente indefinido corresponde un disfrute paralelamente cursante al del tálamo matrimonial. Cosas de la izquierda extrema y revolucionaria…