Alsasua y el perdón

Con la apertura del proceso judicial sobre el ominoso ataque, en la localidad navarra de Alsasua, a un teniente y a un sargento de la Guardia Civil, junto a las mujeres que iban con ellos, se conocen pormenores del suceso, perpetrado colectivamente por gentes del lugar.

Poco menos que en las mismas horas, los gerifaltes de la mafia etarra difundían un comunicado para anunciar la inmediata retirada y su pesar por las más de las vidas de sus asesinados, que no por las de todos… Al propio tiempo, piden proporcional y discriminado perdón, que no por la entera cuenta de sus crímenes y fechorías

Pero siendo lo comentado celofán en el que envuelven la repugnante mercancía de su causa, lo menos oscuro de su propósito, sea la ausencia de todo énfasis sobre su propósito de desaparecer para siempre y para todo cuanto fueron hasta ahora.

Lo sucedido en Alsasua, pese a lo proporcionalmente reducido de su población, si se compara con los reiterados escenarios urbanos de Barcelona en sus respectivos avatares de los últimos meses, expresa una densidad social de violencia contra el Estado y sus representantes, nada compatible con la literalidad dimisionaria de su propia existencia por parte de ETA. Hubo demasiado etarrismo, implícito y explícito, en las dos fases de lo sucedido en el bar con los dos guardia civiles y sus acompañantes, tanto en la primera y en la segunda (ya en la calle) como en las comparecencias de los testigos. Todo fue una losa de silencios cómplices. De solidaridad etarra. Una evidencia brutal de metamorfosis terrorista. Subsiste etarrismo disperso en las Vascongadas y Navarra.