Represión y desafío en Cisjordania

El cambio a Jerusalén de la Embajada de Estados Unidos, una de las más graves arbitrariedades del aún presidente Donald Trump, al moverla desde Tel Aviv donde procedía que estuviera, ha equivalido a regar con gasolina la hoguera de los rencores  árabes y el fuego de la ira palestina, alentada por el mundo de Hamas, que orienta desde Teherán la insidia de la República Islámica de Irán. El coctel de la conflictividad local y regional no podía haberse combinado de forma más cumplidamente explosiva y peligrosa.

El primer recuento de lo resultante no podía ser más violento y explosivo. hasta 100 tiradores de élite fueron desplegados por el Ejército de Israel para detener la manifestación vertebrada por Hamás. Un balance de 17 palestinos muertos y más de cien heridos como base piramidal de una añadida estructura a las muchas históricamente superpuestas en el muy disparado corazón del Oriente Próximo y Medio.

A estas horas tiene el mundo el oído atento y los ojos puestos en lo  que Naciones Unidas haga, por vía del Consejo de Seguridad.  También y, mientras tanto, hasta dónde esperará llegar Netanyahu de la chequera política del orate de la Casa Blanca.