Visita de reactivación entre Pekín y Pyongyang

Sí. El desmesurado peso geopolítico del activismo armamentista de Kim Jong-un, con sus pruebas atómicas y sus ensayos balísticos sobre verticales ajenas, próximas y lejanas, habían rebasado los rangos de circunspección debidos en el muy asimétrico nexo entre dos sistemas comunistas de gobierno – gigantesco el chino y diminuto el norcoreano- , tanto como para que el último eslabón de la estirpe norcoreana reservara a Pekín la primera de sus salidas al exterior. La diferencia venía más que obligada luego del sobrecoste acumulado por la dicha resonancia mundial de los experimentos armamentísticos norcoreanos.

A mayor abundamiento contaba también el hecho de que, por saturación de riesgos, derivados de tales pruebas norcoreanas, Kim Jong -un se habría visto compelido a ofrecer explicaciones directas al propio Donald Trump. En resumen resultaba obligado que el muy pícnico de Pyongyang, hiciera las maletas, tomase a la mujer del brazo y cogieran el tren de Pekín, luego de que, previamente, mandara a su hermana a Seúl, por los Juegos de Invierno.

Pero obligado es advertir que esto que no supera la condición de un viaje de cercanías, si sólo se repara en lo geográfico, supone un trayecto de larga distancia si se advierten los alcances regionales que habrá de reportar la moderación que aportará Pekín a las tensiones en el Nordeste asiático.