Convergencia penal con lo que artículo 155 sanciona

Ya podría Puigdemont haber buscado otra vía, distinto atajo que el alemán, para su regreso a Bruselas desde la hiperbórea Finlandia, en su turismo de fuga con el escapismo para la deserción de las debidas solidaridades a sus correligionarios de causa política y sectaria comunión. El Derecho Penal alemán, que será referente jurídico para la respuesta política a la demanda española de que le sea entregado personaje, guarda un estilo de protección del orden público nacional muy ajustadamente paralelo al que es propio del texto de la Carta alemana en la que se inspiraron los redactores de la nuestra de 1978.

La dialéctica empleada por los rupturistas de la unidad nacional española, como no podría de otro modo, además de esgrimir la falsedad de que son “presos políticos” lo que sólo son políticos presos, desarrollan la defensa de la delincuencia  política con la falacia  de que la defensa del orden público no es otra cosa que injerencia dictatorial y fascismo, como si la Guardia Civil y la Policía Nacional fueran aquello que fueron los “Escamots” de Dencás, el fascismo entero y verdadero que el fusilado Companys se sacó de la manga para mayor gloria de la república aquella.