Putin, en pos del peso geopolítico de la URSS

Eso de que “ La desaparición de la URSS fue una catástrofe geopolítica”, afirmado un día por Vladimir Putin, al poco de desencantarse de la distendida relación de Rusia con Occidente en el inicio del tiempo postsoviético – en días que incluyeron horas de amigable compañía con los Bush, en la residencia veraniega de éstos por la costa noroccidental estadounidense -; tal reflexión, tan acusadamente crítica, a la que resulta obligado referirse después con la crisis habida en Ucrania y, muy específicamente, luego de la anexión rusa de Crimea.

Y ahora mismo, con los resultados de las elecciones rusas del domingo, ocasión en la que la península que abriga el puño naval de la Federación en el Mar Negro, ha obsequiado al más distinguido oficial salido un día del KGB con una de las más brillantes victorias de la jornada. Pero a lo que íbamos en lo referente a lo geopolítico. La barrida en las urnas rusas de este domingo acontece en pleno compás de confrontación con Occidente, cuando este cuarto mandato que ahora comenzará viene a significar que el actual mandatario queda instituido dentro de un ciclo de poder de poco menos que de un cuarto de siglo, puesto que cada uno de ellos es cuadrienal.

Y como tanto el tiempo como el espacio son acepciones geopolíticas en función de las instituciones y personas que deciden, es lo lógico entender que sabida la consideración que a Putin merece la extinción de la URSS, como “catástrofe geopolítica”, los resultados aportados por estas urnas apuntan a un cuatrienio de “rescate y recuperación” de los daños geopolíticos ocasionados  por la desaparición de la Unión Soviética. Aunque los observadores de la OSCE hayan denunciado la falta de competencia efectiva en los comicios presidenciales rusos.