La estrategia dilatoria del independentismo

Resulta incuestionable que la adelantada alternativa de los independentistas catalanes respecto a la candidatura a la presidencia de la Generalidad de Cataluña, no puede incluir personas privadas judicialmente de libertad, como ha sido el caso del fugado Puigdemont y como sería la pretensión de Investir a Jordi Sánchez, el político independentista preso por decisión Judicial, conjuntamente con su homónimo y correligionario, por sus responsabilidades contraídas respectivamente en el ilegal referéndum  del 1 de Octubre pasado.

Una y otra hipótesis de imposible continuidad en el poder al frente de la Autonomía catalana, expresa nítidamente la permanencia de un empeño secesionista que choca frontalmente con la unidad nacional sancionada plenariamente por la Constitución de 1978 en el pleno contexto del restablecimiento histórico de las libertades democráticas en España.

Advertida la realidad de que los diseños cursantes en el seno de las tribus políticas independentistas parece capaz de cerrar el paso a la activación de una u otra hipótesis de candidatura, porque ambas adolecen de la misma carencia jurídico-política, es obligado advertir que su insistencia en lo mismo, en el fondo de secesión, impide la vuelta a la normalidad constitucional y política en Cataluña.

Quiere ello decir, necesariamente, que supone el nudo en un punto muerto dentro de la dársena del Artículo 155 de la Constitución, hecho para cerrarle paso a los riesgos de rebelión contra la integridad nacional de los Estados que componen la base de los pueblos integrantes de la Unión Europea. El No al separatismo no es sólo “de Madrid”, sino de la Bruselas a donde marchó el Fugado de la Ley española.