Plástica, política, propaganda y terrorismo

ARCO, como evento de merecida relevancia en el mundo cultural, se ha visto sacudido en la presente edición, por un suceso híbrido de propaganda, política, terrorismo y plástica. Mezclas, suele haber que resultan explosivas, algunas especialmente, unas veces por sus alcances; otras, por su reiteración, y las menos por una y otra cosa. Como ha sido el sonado suceso de ARCO, consistente en donde una entidad galerista se ha visto constreñida al levantamiento y retirada de una de las muestras expuestas – de fotografía – se ha “caído” de la Muestra por maridar polémicamente sujeto y predicado. Pues ocurre que fuera de la Aritmética, el orden de los factores sí altera el producto.

En efecto, no son lo mismo “presos políticos” – por muy velados que se muestren los rostros mostrados – que “políticos presos” o futbolistas enchiquerados. El equívoco se agrava en importancia si se añaden otros sujetos cuya singularización o relevancia- que soporta la razón de su comparecencia, estriba en la presunción de actuaciones terroristas.

Decir “presos políticos” es mucho decir, demasiado, si no lo son como efecto de actuaciones políticas legítimas, reprimidas injustamente por un régimen antidemocrático o dictatorial. Que obviamente no es el caso de Junqueras ni de Los Jordis en el escenario catalán; tampoco el de los etarras en Alsásua, ni el de Bódalo en Andalucía… Todo este conjunto constituye una obviedad.

Nacionalmente, el problema es otro: el del tráfico de equivalencias. El de las similitudes intercambiadas, entre la delincuencia política del nacionalismo catalanista, que transgrede el límite constitucional de la convivencia española, y el del terrorismo etarra – ahora subyacente y subrepticio – que persiste en esperas de fondo, casi al amparo de la reticencia civil del peneuvismo frente a la entidad nacional española. No están de más los rigores semántico-judiciales con el empleo y preferencias de sustantivos y adjetivos, como “políticos” y “presos”.