Rectificar el error escolar habido durante la Transición

Permite la activación del Artículo 155, entre otras muchas cosas, dotar de apoyos jurídico-políticos suficientes a la subsanación del error cometido durante la Transición en la materia crítica de la Enseñanza, al transferir a las Comunidades Autónomas capacidades inseparables de las competencias del Estado, cometidos inherentes a la tutela última de las referencias de fondo que articulan las claves diferenciales del ser nacional. Ninguna de estas claves tan clara como la del idioma de quienes lograron articular, fundar y construir la entidad nacional.

Prueba de ello, en nuestro caso, fue la sentencia del Tribunal Supremo de Cataluña sobre el Estatut, al referirse al rango de atención escolar sobre el castellano. Corresponde a éste la condición vehicular junto al Catalán, con un porcentaje del 25 % de las horas lectivas en las tareas escolares. Una proporción estimada como estrictamente indispensable. Otra cosa ha sido, en la práctica política posterior a 2010, año al que corresponde tal resolución del TS catalán, la desviación sistemática de tal criterio hermenéutico. Una praxis de desviación que explica hasta la saciedad la fermentación soberanista que en estas horas agita de forma crítica la normalidad política de Cataluña.

Por ello parece lo propio esperar que la puesta en juego del Artículo 15 se constituya en el marco de actuación preferente para embridar la réplica al presente estado de cosas. La escuela en Cataluña, como campo cedido a la base del soberanismo, habría de tener los días contados. No debe permanecer como origen último del “Procés”.