Tensión crítica entre el derecho y las opciones del nacionalismo

Vista la pauta política a seguir tras de la respuesta del Tribunal Constitucional, cuando se cumple  el plazo para la actualización de la Presidencia, en el marco de la Constitución de 1978, se abre un escenario político signado por la identificación del titular que resulte del arbitrio de la Cámara Autonómica, de lo que queda excluido Carlos Puigdemont por las sabidas razones de sobrevenida ilegitimidad.

Así las cosas, aparecen en la escena política de Cataluña dos ámbitos de realidad: de una parte, el compuesto por la diversidad de partidos englobados en el común de las opciones nacionalistas, y de otra, el de las fuerzas políticas del españolismo, integradas en el frente constitucionalista. Uno y otro sector aparecen estribados en sendos fondos de recursos; el nacionalista, con el actuado repertorio de concreción, resuelto en fracaso político por manifiesta colisión con los límites legales; y, enfrente, el constitucionalista, cuyas bazas, estribadas en el Derecho, incluyen el amplísimo margen de reserva, que es propio de la naturaleza del Artículo 155 de la vigente Constitución de 1978.

Se trata, en esta baza del hemisferio político constitucionalista, del blindaje constitucional – procedente del patrimonio europeo de las libertades compartidas – que ha permitido la optimización desde el Estado de las garantías jurídicas para las libertades colectivas – frente a las histerias y desvaríos de los particularismos aberrantes.

A muy grandes rasgos, tal es espectro que subyace a la fantasmada oscura del señor Puigdemont.