La Transición cierra en síndrome unitarista

Conforme los datos aportados por el Instituto Elcano, el tiempo de la Transición, substanciado principalmente en la consolidación práctica y formal del Estado Autonómico definido en la Constitución de 1978, el sentir de la opinión pública nacional a lo ancho de las distintas Comunidades que lo componen, expresa un nivel de maduración incuestionablemente notorio.

La trapacería política del nacionalismo, que forzó la activación de la clave constitucional del Artículo 155, ha desencadenado una dinámica de respuesta suficiente para que, en términos demoscópicos, a estas horas los registros compongan una panorámica – como la habida por el Instituto Elcano – en la que aparece pinchado el globo de la trama urdida por el llamado “Procéss”.

En todas las Comunidades Autónomas, incluida la propia de Cataluña, mientras se realizaban las pertinentes encuestas demoscópicas, se advertía una floración poco menos que masiva, por balcones y ventanas de los centro urbanos, de banderas con los colores de la patria común de todos los españoles.

Todos los indicadores de los estados de opinión han evolucionado en la misma dirección e idéntico sentido hispánico. De suerte que se pueda decir ya que la Transición, como peripecia histórica consistente en cruzar ,de orilla a orilla, desde un mundo signado por la violencia de la pasada centuria, a otro bocado – al menos en Europa – a horizontes de Paz, Justicia y Libertad.  Tal como reza el encabezamiento de esta nota, nacionalmente, la Transición cierra en síndrome y clave de unidad Nacional.