Los ojos de Europa, puestos en Alemania

Las negociaciones políticas propiamente dichas para la formación de Gobierno en Alemania, se precisa ahora, llegarán el día 22.  Será o no será impaciencia lo que prevalece en Europa, luego del primer encuentro entre Merkel y Schultz, habido ya el pasado fin de semana luego de que el interlocutor socialdemócrata hubiera descartado en un primer momento que fuera a reeditarse la Gran Coalición como fórmula para el nuevo Gabinete Federal.

No son sólo los alemanes los europeos interesados en la pronta salida del presente compás de vacío de poder en Berlín. De la tecla germana depende el que los europeos todos, los integrados en la UE – y en parte también los que no están en ella- continúen, dentro de un lustro o de una década, en el disfrute de concretos estándares de vida, seguridad y democracia, tal como se entiende y considera mayoritariamente, dentro y fuera de la propia Unión.

Cabe decir ya desde bastante tiempo atrás, que de la misma forma  que los europeos, por razones obvias, podamos sentirnos condicionados por aquello que los alemanes opten en las urnas, también los ciudadanos alemanes pueden sentirse gravitados también por las expectativas de los europeos transfronterizos suyos en el contexto del espacio Schengen. La psicología de la integración se resuelve en una dinámica de ida y vuelta.

Los ojos de Europa gravitan a estas horas sobre la Alemania que debate en sus dialécticas de centro derecha y centroizquierda, conforme avanza paso a paso, asimismo, la dialéctica de la integración supranacional. De acuerdo a un proceso, consolidado ya, de unidad de destino.