Tabarnia: La separación genera y corrige separación

El prefiero que Barcelona se quede fuera de Cataluña antes que Cataluña se quede fuera de España es el formato escalar de una reflexión capaz de prender como el fuego en la estopa, visto cómo, desde el conocimiento de la propia Historia, se extraen consecuencias poco menos que sectarias de urnas prohibidas, en su día, por el propio Tribunal Constitucional. El rango de preferencias plasmado por la historiadora Carla Arrufat, presidenta de la “Plataforma per l´Autonomía de Barcelona (Barcelona is not Catalonia)”, explica el rigor y empuje de los promotores de esta vía cuando emplazan a la aplicación del Artículo 2 de la vigente Constitución de 1978, que establece que las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas y recuperar las fronteras del antiguo Condado de Barcelona, que se mantuvo vigente hasta que fue abolido en 1714 con los Decretos de Nueva Planta.

Parecen sobradamente sentadas las condiciones para que se abra un nuevo capítulo del debate autonómico en Cataluña. Un capítulo cuya más rigurosa y previsible condición y naturaleza será la de constituir un proceso jurídico y político al “procés”, sustanciado en términos nacionalistas y anti- españoles. Algo que en todo caso escapó a los sueños del independentismo.