Factura de los errores en la Transición

Por sus obras los conoceréis – reza el principio moral – tanto en sus aciertos como en sus errores. El corto plazo transcurrido desde el fin de la Transición ha sido bastante para que ciertos de ellos, como los referidos a los fallos en los criterios sobre la Enseñanza dentro de la política del Estado.

A toro pasado, cierto es también, se advierte el sabor y la gravedad de los errores cometidos en esta materia, de tan crítica gravedad en términos de cohesión nacional y estabilidad social. La idea de llevar a la práctica política de las transferencias a los entes autonómicos, los principios metodológicos que deben regir el gobierno de la Enseñanza sobre lo nacional, se ha venido a traducir en insospechadas y amargas desventuras.

No son una ni dos las Autonomías aplicadas a la labor de radicalizar la diversidad de la singularidad propia a costa de trivializar, cuando no borrar lo común y compartido. Aquel inmenso error lleva y obliga a ir por la reflexión sobre la conveniencia de desandar el camino transitado en términos de progresiva discordia entre los territorios españoles.

Obviamente, no es cuestión baladí. Tanto más cuanto se dispara la insistencia política en llevar a término una reforma de la Constitución de 1978. Ahí están, como ejemplo, las diligencias incoadas para que los días 4, 5, 8 y 10 del próximo enero los profesores de un instituto catalán y el director del Centro docente concurran con su testimonio para aclarar los términos del supuesto incidente en que ciertos de ellos maltrataron de palabra a varios estudiantes hijos de guardias civiles, luego de los sucesos habidos con ocasión de la consulta del 1 de Octubre.