El 155, eje del retrocambio más allá de Cataluña

La proximidad crítica de las urnas catalanas -vocadas por definición a forzar las posiciones de fondo de las tribus nacionalistas-, permite aflorar, en continuo contrapunto, el rango de los errores, todos contra la unidad de España en que habrían de estallar y resolverse los dislates cometidos al respecto en los años del cambio de sistema político. De entre todos los errores que pudo haber durante ese largo compás de mutación histórica, destacó el de transferir a las Comunidades Autónomas las competencias en materia de Enseñanza.

Como resultante de eso ahí está el caso de Cataluña. Permitió el dicho error que cada ente Autonómico hiciera de su capa un sayo, hasta que al cabo lo referente al sentimiento se fue desviando, cada vez de modo más radical, el referente de las nociones más radicalmente sustantivas. De forma comparativa, a título de ejemplo, cabe recordar de qué modo más expresivo cupo señalar a observadores extranjeros que sólo una nación como la española, tan repetidamente asediada por sus disentimientos internos, había podido sobrellevarlos por causa de su fortaleza interna; resultante ello de su propio decantado en la unidad dentro de todas las del conjunto europeo.

La consciencia europea de que las tentaciones separatistas responden a una constante de disgregación, llevó en su momento respectivo a la institucionalización de las garantías jurídicas suficientes, primero en la actual Constitución de la República Federal Alemana. Y en otras más, entre ellas, la nuestra, de 1978. De ahí, la oportunidad y el acierto de la medida política aplicada por nuestro Senado. Todo un seguro de responsabilidad histórica que ha permitido neutralizar el error de poner a las Autonomías en el trance de montar un “procés” que hubiera podido llevar a la fractura de España.