El “Sajarov” desahucia la dictadura de Venezuela

La distinción otorgada por el Parlamento Europeo al frente democrático venezolano y en homenaje a las centenares de manifestantes caídos en la represión de las protestas contra los abusos de la dictadura de Nicolás Maduro, ha sido una cota poco menos que decisiva contra el régimen establecido allí desde el momento que el heredero de Hugo Chávez se rebeló contra las normas constitucionales que obligaban a que el actual presidente del país, por la magnitud de la derrota sufrida (pérdida superior a los dos tercios de la escaños en la Asamblea Nacional) convocara referéndum revocatorio de su mandato.

De ahí en adelante, el incumplimiento y su consecuente bloqueo por el Poder Ejecutivo del precepto normativo, estableció un cuadro de ilegalidad específicamente dictatorial, por ajeno a cuanto demanda todo Estado de Derecho. Más adelante, la degeneración normativa pasó de la responsabilidad política por omisión – al no someter Nicolás Maduro su presidencia a votación en preceptivo referéndum -, a la no menos grave falta de perpetrar un golpe de Estado, al crear una nueva Cámara política que le arropara frente a la Asamblea Nacional, en la que tenía perdida la mayoría crítica de los escaños.

Una estructura política de tales características, con legalidad montada contra el derecho desde el propio vértice del Estado; una situación cocida a fuego lento desde un poder prostituido por la corrupción rayana con el narcoestado y sumado a ello el colapso económico, la miseria social ha generado una protesta que está en la base de los 300 presos políticos que colman las cárceles venezolanas. Tal estado de cosas conforma el cúmulo de razones de la justiciera proclama del Parlamento Europeo al ofrecer el Premio Sajarov al pueblo venezolano.