Crítica frivolidad de Donald Trump sobre la capitalidad de Jerusalén

De vértigo pueden resultar los errores diplomáticos perpetrados desde la suma de la ignorancia en la materia sobre la que se decide y el poder del que se dispone para consumar el despropósito que ello supone. Pocas cuestiones cabe añadir más al embrollo global que representa el problema árabe-israelí que la esbozada iniciativa del actual titular de la Casa Blanca de trasladar a Jerusalén la actual sede, situada en Tel Aviv.

La adversa reacción a esta iniciativa engloba una unanimidad difícilmente alcanzable en términos globales. El mundo islámico, de tan complejas divisiones en todos los ámbitos de su organización, ha reaccionado en su oposición y protesta ante la ocurrencia presidencial de hacer tabla rasa de tantos signos y distingos, políticos y religiosos, que se entrecruzan en las complejidades de la historia pasada y de los pleitos abiertos, en sostenido cambio y presente evolución.

Reproduce el presidente Trump con esto de cambiar su Embajada de Tel Aviv, dónde siempre estuvo, como todas las demás, eso de la confusión y distingo entre ideas y creencias, con eso otro de ideas y ocurrencias.