Norcorea: terrorismo como extorsión

La reiterada provocación norcoreana al mundo por la vía de los lanzamientos de misiles capaces de portar bombas nucleares en sus cabezas, se ha visto aumentada, cuantitativa y cualitativamente, en el último de los desafíos al entero mundo. El salto cualitativo que supone esta  última ocasión prueba – al menos en su pormenorización técnica (eso de que este vector es capaz de alcanzar cualquier punto de la geografía estadounidense), eleva la provocación en términos absolutos porque se dirige a la potencia que tiene margen operativo suficiente y sobrado para abortar la factibilidad de la amenaza.

Desconociéndose hasta dónde alcanza la coartada de Pyongyang para asumir un riesgo de tan estremecedora magnitud, también el mismo interrogante engloba a las potencias que hasta ahora no lograron, desde su amistosa actitud con la dictadura hereditaria, que el mandamás norcoreano se aviniera negociar un acuerdo internacional para el cambio de tercio en esta deriva – sobre el papel al menos- hacia el Apocalipsis nuclear.

En todo caso, entre lo que queda establecido en esta coyuntura es el hecho de que estamos, al norte del Paralelo 38, y por parte de la dictadura comunista, en la más grave eclosión histórica del terrorismo de Estado. Y la raíz más profunda de la situación estriba en la incapacidad de los autores históricos de Norcorea para desarmar al Monstruo.