Ledezma, más que sólo una fuga de la dictadura venezolana

Puede, siendo ya mucho por sí mismo, el hecho de haber escapado del confinamiento domiciliario en que se encontraba quien fue alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, llegado a Madrid el pasado fin de semana desde Bogotá, luego de cruzar hasta Colombia con la ayuda de militares, según afirmó ante los medios en su primera comparecencia pública. Esta circunstancia es reveladora de que el sistema de seguridad del presidente Maduro, estribado en el Sebin (la policía política del régimen) y en la propia asistencia de las Fuerzas Armadas, esta colaboración castrense se ha venido abajo, aunque no quepa saber todavía en qué términos, si sólo puntuales o variablemente generales.

En todo caso, esa asistencia castrense, tal apoyo o cobertura, apunta al relieve político del fugado, de una parte, y de otra suscita la interrogante capital de si la colaboración “militar” a la fuga de Ledezma ha sido un hecho aislado de base amical y sólo casual, o basado en una instrucción del mando castrense. En este caso estaríamos en una réplica militar al golpismo de Nicolás Maduro, que se ha sacado de la manga una Cámara parlamentaria propia para sustituir a la Asamblea Nacional, que eligió la Oposición en las últimas elecciones parlamentarias, tras obtener la Mayoría de dos tercios de los escaños.

Sea lo que fuere, la colaboración militar a la evasión del alcalde de Caracas narrada por Antonio Ledezma, es un hecho de riguroso relieve sistémico en la Venezuela zarandeada por el chavismo y secuestrada por el madurismo del señor Nicolás, autobusero de profesión que se graduó de político en los Talleres Revolucionarios de La Habana.