Aprensión internacional creciente por la injerencia rusa en Cataluña

Es algo más que una hipótesis y poco menos que una evidencia. La dependencia instrumental de la Venezuela de Maduro que acaba de recibir de la Federación Rusa un balón de oxígeno, en términos de reestructuración de deuda, de 3.150 millones de dólares, para un nuevo calendario de pagos, comporta un marco de factibilidad “ad hoc” para la denuncia española de injerencias conjuntas de uno y otro Gobierno sobre el decurso de la crisis política de Cataluña. ¿Cómo?, por medio de la propagación cibernética de falsedades orientadas al daño de la propia España y de la Unión Europea, en tanto que parte y conjunto, respectivamente, de un orbe político internacional, que concurren por causas diferenciadas.

Desde Venezuela, las injerencias chavistas nos llegan como respuesta a la presión española contra la deriva totalitaria del régimen chavista; y desde Rusia, por la reacción anti-rusa de la UE, como conjunto, desde la anexión de Crimea y del incumplimiento ruso del Tratado de Minks, suscrito en la capital de Bielorrusa, desde el que se ha cocido una guerra civil entre ucranianos.

La guerra cibernética, a la que pertenecen los ataques contra España dentro de la crisis en Cataluña, corresponde a condiciones nuevas dentro del tiempo actual. Una realidad a la que los Estados y los pueblos no tienen desplegadas suficientemente las respuestas adecuadas. En Cataluña se ha mostrado suficientemente todo ello. Nunca como ahora se había comprobado qué y cómo las mentiras siguen siendo armas de guerra de alta sofisticación.